El taekwondo mundial vivió un Grand Prix Roma que reordenó jerarquías. En cuestión de días, dos nombres iluminaron el circuito con una fuerza distinta pero complementaria: Viviana Márton, la campeona olímpica que ya no compite para demostrar que pertenece a la élite sino para confirmar que la lidera; y Juan Antonio Milán Cánovas, el español de -80 kg que convirtió una actuación inesperada en una declaración de futuro.

Márton llegó al Grand Prix de Roma con el peso invisible de las grandes campeonas: ese que no se mide en kilos, sino en expectativas. Desde París 2024, su nombre dejó de ser promesa para convertirse en referencia. Y en Roma, lejos de administrar su prestigio, lo volvió a expandir. Ganó en -67 kg con la autoridad de quien entiende que una medalla olímpica no es un punto final, sino una exigencia diaria.
En cada combate transmitió una serenidad feroz: lectura, distancia, precisión, control emocional. No fue solo una victoria; fue una reafirmación, que junto a Suvi Mikkonen, y el DT. de su equipo, Jesús Ramal, Viviana no conoce de miedos e inseguridades.

La húngara, formada en el ecosistema competitivo del Hankuk International School, se ha instalado en ese territorio reservado para los atletas que parecen acelerar el tiempo. Campeona olímpica adolescente, medallista mundial, campeona europea y ahora protagonista dominante del Grand Prix, Márton representa la nueva aristocracia del taekwondo: jóvenes capaces de mezclar velocidad, inteligencia táctica y una madurez competitiva impropia de su edad.
En Roma, volvió a dar la impresión de que el circuito gira a su alrededor.
Pero si Márton fue continuidad, Juan Antonio Milán fue revelación. El murciano que se adiestra en el CAR Madrid no aterrizó en Roma con el cartel de favorito absoluto. Sin embargo, salió del Foro Itálico con una de las victorias más resonantes del año.

En la categoría -80 kg, donde cada cruce suele ser una batalla de centímetros, lectura y nervios, Milán firmó un torneo de enorme calibre: avanzó ronda a ronda hasta derribar a rivales que parecían blindados por el ranking, la reputación y el momento competitivo.
Su semifinal ante CJ Nickolas fue el tipo de combate que cambia carreras. Después de perder el primer asalto de manera contundente, cualquier relato convencional habría anunciado el final.
Milán, en cambio, eligió la rebeldía. Ajustó la distancia, resistió el impulso del estadounidense y construyó una remontada eléctrica: 9-7 en el segundo asalto y 11-9 en el tercero. No fue una simple reacción; fue una demostración de carácter bajo presión máxima.

La final elevó todavía más la hazaña. Del otro lado estaba Henrique Marques Rodrigues Fernandes, campeón mundial vigente y señalado entre los nombres más fuertes de la división. Milán no se conformó con competirle: lo desbordó. Ganó en dos asaltos, con parciales de 15-4 y 22-5, un desenlace tan contundente que convirtió la sorpresa en consagración. En un solo día, el español pasó de amenaza emergente a campeón de Grand Prix.
Reyes en la Copa Presidente
Y como si Roma no hubiera sido suficiente, Núremberg añadió el capítulo definitivo. En la Copa Presidente WT-Europe, apenas unas jornadas después, tanto Márton como Milán volvieron a subir a lo más alto del podio. Márton conquistó el oro en -62 kg y Milán repitió en -80 kg, esta vez derrotando en la final a Raman Turavinau por 2-0, con parciales de 10-2 y 23-7. Lo que pudo haber quedado como una explosión aislada se transformó en una señal de consistencia.
Ese doble impacto —Roma y Núremberg— deja una lectura poderosa. Márton confirma que su oro olímpico no fue una cima solitaria, sino el inicio de una etapa de mando. Su taekwondo ya no sorprende: impone. Cada torneo la presenta como una atleta capaz de sostener el foco, el favoritismo y la presión. En un deporte tan volátil, donde un giro, una sanción o una lectura tardía pueden cambiarlo todo, su regularidad es casi tan valiosa como sus títulos.
Milán, por su parte, abrió una puerta que difícilmente volverá a cerrarse. Su triunfo en Roma tuvo todos los ingredientes de una irrupción mayor: remontada épica, victoria sobre rivales de élite, autoridad en la final y confirmación inmediata en Núremberg. No fue solo ganar; fue ganar de una manera que obliga al circuito a mirarlo distinto. Desde ahora, su nombre ya no aparecerá como incógnita en los cuadros: aparecerá como amenaza.
Nuevas estrellas

El taekwondo necesita figuras que sostengan y figuras que incendien. Viviana Márton pertenece ya al primer grupo: una campeona que se reafirma con el peso de quien gobierna. Juan Antonio Milán acaba de entrar al segundo: un competidor que irrumpe, sacude el tablero y anuncia que la categoría -80 kg tiene un nuevo protagonista.
Carlos Hernández
Ricardo Hernández