Del 4 al 7 de junio, el Foro Itálico será mucho más que un escenario deportivo. Roma acogerá una nueva parada del Grand Prix de taekwondo, ese circuito donde la élite mundial no solo compite: construye legado. En este punto del calendario, cada combate tiene memoria… y cada victoria deja huella.
Donde empieza la historia: el dominio de las potencias
Para entender el presente del Grand Prix, hay que mirar su mapa de poder. Y ese mapa tiene nombres claros. La hegemonía sigue perteneciendo a South Korea, cuna del taekwondo y referente técnico indiscutible. Su dominio no es casualidad, sino el resultado de décadas de evolución y una estructura que no deja de producir campeones. A su lado, Tailandia, China e Irán, han construido una identidad basada en la regularidad y la eficacia competitiva. Siempre presente, siempre peligrosa.
Europa ha respondido con fuerza en los últimos años. Equipos como Rusia, Great Britain, Spain, Turquía, Italia y France han elevado el nivel competitivo, aportando atletas con una preparación integral y mentalidad ganadora.
Mientras tanto, nuevas naciones en el espectro del Taekwondo comenzaron a abrirse paso. El crecimiento que tuvo Ivory Coast es el reflejo de un deporte que ya es global, donde el talento puede surgir en cualquier rincón del mundo. Y allí creemos que debemos hacer un punto y aparte.
Costa de Marfil: Lograron Lo que parecía imposible
La irrupción de Ivory Coast en los torneos de Grand Prix tiene una explicación clara: el equilibrio entre impacto y regularidad. Por un lado, Cheick Sallah Cissé aportó con sus siete medallas de oro el factor que nada es imposible. Campeón olímpico y mundial, su rendimiento se caracterizó por aparecer en los momentos clave, elevando el techo competitivo del torneo. En los GP, Cisse se lució.
Por otro, Ruth Gbagbi, aún activa, ha sido la base del proyecto: múltiples medallas (4 de oro) en el circuito Grand Prix y presencia constante en la élite internacional, respaldada por dos podios olímpicos. Juntos han convertido a Costa de Marfil en algo más que una sorpresa: un contendiente real dentro del circuito, capaz de competir con las grandes potencias y de influir en el medallero.
Los nombres que definieron una era
Si hay un atleta que resume la grandeza del circuito de los Grand Prix es el atleta ya retirado, Lee Dae-hoon. Con 12 oros y 17 medallas, su dominio trasciende los números. Su capacidad para reinventarse, su lectura del combate y su consistencia lo han convertido en el referente absoluto del Grand Prix.
Pero el Grand Prix no solo se mide en países. Se mide en nombres propios.
En la categoría femenina, el legado se construye desde distintos enfoques.
La tailandesa Panipak Wongpattanakit representó la eficiencia moderna: técnica precisa, estrategia impecable y una capacidad única para resolver combates al más alto nivel. Ya retirada con dos oros olímpicos, solo deja la vara muy alta como la máxima ganadora de este certamen con 12 medallas de oro.
Por otro lado, la británica Jade Jones simboliza la constancia. Su presencia sostenida en la élite la ha convertido en una de las figuras más respetadas del circuito obteniendo 10 doradas. Ya retirada y con debut exitoso en el mundo del boxeo, la competidora siempre fue una atracción.
Tres trayectorias diferentes, una misma conclusión: dominar el Grand Prix exige excelencia prolongada en el tiempo.

Roma 2026: donde se cruzan las generaciones
Cada edición del Grand Prix tiene su propia narrativa. Pero Roma 2026 apunta a ser un capítulo decisivo.
Aquí, las historias convergen.

Los veteranos llegan con la presión de defender su legado. Saben que cada combate puede ser uno de los últimos en la cima. Al mismo tiempo, una nueva generación irrumpe con ambición, velocidad y ausencia de miedo.
Los rankings están en constante cambio. Las distancias entre favoritos y aspirantes se reducen. Y en ese equilibrio inestable, Roma se convierte en un punto de inflexión.
El Foro Itálico será más que una sede: será un filtro de élite. Un espacio donde se separa la promesa de la realidad.
Más que un torneo
El Grand Prix de Roma 2026 no es solo una competición. Es un escenario estratégico dentro del ciclo internacional. Un lugar donde se define quién pertenece a la élite… y quién está listo para ocupar su lugar.
Bajo el lema “Reborn, Together”, el taekwondo vive una nueva etapa.
Porque en Roma, el pasado pesa.
Pero el futuro —como siempre— se decide en combate.
Carlos Hernández