En el deporte de alto rendimiento hay momentos que marcan una carrera. Algunos son triunfos que se celebran durante años. Otros son derrotas que ponen a prueba el carácter de los atletas. En la historia de Andrea Ramírez Vargas, ambos momentos conviven.
Hablar de Andrea Ramírez es hablar de la mejor época de la historia del taekwondo colombiano. Su nombre se repite en podios continentales, campeonatos mundiales y torneos internacionales. Es atleta olímpica, doble medallista mundial y durante años ha sido considerada una de las atletas femeninas más dominante del taekwondo en América.
La conquista de Las Vegas
Recientemente en un torneo de alto nivel como el abierto de Estados Unidos en Las Vegas, la dominante Andrea Ramirez dió un recital de Taekwondo con un estilo totalmente agradable a la vista con giros, doble patadas y una fuerza poco vista en las atletas de -49 kg.

Con este gran torneo en su bolsillo y de regreso a su Colombia, lo que ha recibido ha sido un huracán de felicitaciones y un desborde de noticias relativas a su triunfo en América, donde es un lujo llevarse una dorada.

Pero su historia no se explica únicamente con medallas. Se explica, sobre todo, con la forma en que ha decidido levantarse cuando el triunfo le fue esquivo, pero de esto continuaremos hablando en los próximos párrafos.
La consentida de Boyacá que conquistó el tatami
Andrea Ramírez es de Sogamoso, en el departamento de Boyacá, una región colombiana conocida por su cultura deportiva y sus bellas montañas. Como muchos atletas del país, creció en un entorno donde el deporte no era necesariamente un camino fácil hacia la gloria, sino una apuesta cargada de sacrificios. Su mamá hizo artes marciales chinas, y sus otras cuatro hermanas se inspiraron en ese espíritu de lucha que su madre con el ejemplo les ha dado.
El taekwondo apareció temprano en su vida y pronto se convirtió en su lenguaje natural. Lo que comenzó como una actividad deportiva se transformó rápidamente en una vocación competitiva. Su velocidad, inteligencia táctica y capacidad para leer los combates la distinguieron desde sus primeras participaciones internacionales.
Con poca experiencia en el tatami, ese perfil se convirtió en realidad cuando ganó medalla de bronce en el mundial de 2017 en Corea. Esta hazaña sería solo el comienzo de una carrera que hoy día está a plenitud de cara a Los Angeles 2028.
Ramírez fue acumulando títulos en el ciclo olímpico: campeona en Juegos Bolivarianos, oro en los Juegos Suramericanos, campeona en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, protagonista en los Juegos Panamericanos.
En ese recorrido continental se consolidó como una de las competidoras más consistentes del continente. Cada torneo parecía confirmar lo mismo: Andrea Ramírez era una atleta hecha para pelear en los escenarios más grandes.
La confirmación definitiva llegó en el escenario más exigente del taekwondo.

En el Campeonato Mundial de Taekwondo, Ramírez logró una hazaña histórica para Colombia: conquistar dos medallas mundiales. Su bronce en 2017 y su regreso al podio en 2022 la convirtieron en una de las pocas atletas sudamericanas en lograr ese doble reconocimiento en la categoría absoluta. Su carrera parecía avanzar con una lógica clara: el siguiente gran objetivo eran los Juegos Olímpicos.
El sueño olímpico y la noche más difícil
Después de competir en Juegos Olímpicos de Tokio 2020, Andrea inició un nuevo ciclo olímpico con la mirada puesta en Juegos Olímpicos de París 2024. Todo indicaba que tenía las herramientas para lograrlo.
Experiencia, ranking internacional, medallas recientes y una madurez competitiva que solo se adquiere tras años de combate. París aparecía como una meta lógica en su carrera.
Pero el deporte, a veces, no responde a la lógica.
En el torneo clasificatorio olímpico, Andrea vivió uno de los episodios más dolorosos de su trayectoria. Tras ir ganando un combate en el tatami, una sanción arbitral en el último segundo cambió el rumbo del enfrentamiento. La decisión dejó a la colombiana fuera de la clasificación olímpica.
Para una atleta que llevaba años preparándose para ese momento, fue un golpe devastador.
Las redes sociales y el entorno deportivo reaccionaron con incredulidad. Muchos especialistas consideraron la decisión injusta. Pero en el deporte de alto rendimiento las decisiones arbitrales, correctas o no, son finales. Y el sueño olímpico se esfumó.
El camino fácil que decidió no tomar
Después de un golpe así, muchos atletas optan por cerrar un ciclo. Andrea Ramírez tenía todas las razones para hacerlo. Su carrera estaba llena de medallas. Su nombre ya formaba parte de la historia del taekwondo colombiano, tiene una vida cómoda con solvencia y una relación estable, cualquiera podía iniciar una nueva etapa como entrenadora, líder deportiva o formadora de nuevas generaciones.

El camino cómodo estaba abierto. Pero Ramírez tomó otra decisión. Decidió volver a competir. No como una despedida, sino como una declaración.
El regreso al tatami

Con un dolor emocional por no estar en Paris 2024, tras una campaña impresionante donde fue dos veces MVP, su reacción fue internarse a entrenar en el Centro Internacional de Alto Rendimiento (CIART). Legaba primero que todos, y se iba de última. Ocho horas de sudor, de contacto, de combates, y de ponerse a prueba eran su máximo reto.
Una vez estaba lista, su regreso comenzó en el circuito internacional y en los torneos del ciclo regional. Los Juegos Bolivarianos disputados en Perú fueron el primer escenario para demostrar que su nivel seguía intacto. En cada combate mostró algo que solo poseen los atletas que han competido en la élite durante años: control del ritmo, lectura del rival y una precisión técnica que aparece en los momentos decisivos.
Su impresionante dominio en suelo peruano determinó que en la zona americana aún falta mucha tela que cortar para derrotarle. Con la de oro en su pecho, volvió a internarse en el CIART.
El oro que volvió a encender el nombre de Andrea
En el US Open Taekwondo Championships, uno de los torneos G2 más importantes del circuito mundial, Andrea Ramírez protagonizó una actuación que recordó por qué su nombre sigue siendo respetado en el taekwondo internacional.

El camino hacia el título no fue sencillo.
Tuvo que superar cinco combates ante rivales de alto nivel internacional. Cada pelea exigió precisión, resistencia y estrategia. Pero combate tras combate, la colombiana avanzó en el cuadro del torneo. Hasta llegar a la final.

Allí confirmó lo que había insinuado durante todo el campeonato: su nivel competitivo sigue siendo de élite. Andrea Ramírez se coronó campeona del US Open y se llevó la medalla de oro del torneo G2, un triunfo que representó mucho más que puntos para el ranking mundial.
Fue una reivindicación. Una respuesta silenciosa a quienes pensaban que su ciclo había terminado.
Una atleta que todavía tiene historia por escribir

El triunfo en el US Open tuvo un eco inmediato en Colombia. Federaciones deportivas, entrenadores, aficionados, políticos como alcaldes, gobernadores, candidatos, celebraron el regreso de una de las figuras más importantes del taekwondo nacional que lleva la bandera colombiana en lo más alto del sitial.
Porque la historia de Andrea Ramírez no es solo la de una atleta que gana medallas. Es la historia de una deportista que se niega a rendirse, que se levanta todos los días con una determinación que la hace una rival muy difícil.
En un deporte donde las derrotas pueden cerrar carreras, Andrea eligió volver a levantarse. En un momento donde el camino fácil parecía evidente, eligió el camino difícil: seguir compitiendo.

Seguir peleando.
Seguir soñando.
Y mientras siga entrando al tatami con la misma determinación, la historia de Andrea Ramírez seguirá escribiéndose combate tras combate.
Cito el arquitecto

El desarrollo de su carrera tiene detrás a la figura del entrenador, Cito Rene Forero. Un hombre obsesionado por el éxito y quien convirtió a Colombia en una cuna de campeones, con una visión que inició en los años 2000, llama que sigue intacta. Su trabajo como seleccionador, dirigente y hombre empeñado en crecer le ha permitido invertir en asesorías directas para Colombia de gente como el campeón olímpico y mundial Carlo Molfeta (Italia), Dragan Jovic (Serbia), Leonardo Gambluch (Belgica), así como el apoyo de los técnicos William Duarte y Nancy Orduz.
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