Uriel Adriano provocó un escándalo en Puebla, cuando el 16 de julio de 2013, enfrentó luego de cinco combates al ruso Albert Gaun en la final del Campeonato Mundial de Taekwondo 2013 realizado en México. El combate estaba cerrado, pero una técnica arriesgada en los últimos segundos le dio la victoria por 3–2, provocando euforia colectiva en el Centro de Convenciones de Puebla.
Ese día las porras de México vibraron tras esa patada giratoria que cambió todo a favor de México, ante un ruso que estaba de moda en el circuito mundial, siendo Uriel el único oro del equipo mexicano en casa, provocando un escándalo de felicidad en el sitio. De esta gloriosa manera, Uriel se convirtió en campeón mundial en la categoría –74 kg, y el primer mexicano en lograrlo en más de tres décadas, destacando que fue con los sistemas electrónicos marca Daedo y derrotando ampliamente al coreano Kim Yoo Jin en semifinales.

La imagen del tricolor ondeando en lo más alto, con Adriano emocionado al borde del llanto, quedó grabada en la memoria del deporte nacional.
Inicios
Uriel Adriano no nació siendo campeón, ni el mejor atleta desde pequeño, pero el fuego por destacar en algo lo llevaba en su mente. Originario de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y criado en Guadalajara desde los tres años, el taekwondo se cruzó en su vida como un canal para su energía imparable.
Lo que comenzó como una simple actividad extracurricular, pronto se convertiría en una carrera que marcaría la historia del deporte mexicano, y un paso exitoso por la selección nacional con la cual viajaría por todo el mundo.
De la olimpiada nacional a un lugar en el podio mundial

Desde niño Adriano se calzó por primera vez el dobok, y para 2006 ya dominaba la Olimpiada Nacional, acumulando medallas entre 2006 y 2011. No puede olvidar que los profesores, Francisco Miranda y Hugo Santamaría, fueron sus instructores de base.
Su ascenso fue vertiginoso. Pronto integró la selección juvenil y entrenó en el Centro Nacional de Alto Rendimiento (CNAR), forjando el carácter competitivo que lo distinguiría en el tatami. Era muy bueno con las dobles patadas al estilo vieja escuela.
Ya en el alto rendimiento, la mano sabía del maestro coreano, Sang Yong Moon, fue clave para llegar a la selección nacional. Durante la fase en la cima de la pirámide, Uriel estuvo bajo la dirección de varios técnicos nacionales, destacando, Reynaldo Salazar (QEPD), José Luis Onofre, In Young Bang, su hermano Sun Bang, Rosendo Alonso, Oscar Salazar, entre otros.
En 2010, logró su primera gran medalla internacional: bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Un año después, en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, sorprendió con un bronce en –80 kg. Aquel día, el público tapatío lo ovacionó; era el anuncio de algo más grande por venir.

Varias veces campeón del continente
Uriel no se conformó. Ganó el oro en el Campeonato Panamericano de Aguascalientes 2014 y repitió en Spokane 2018, ahora en la categoría –80 kg. Su técnica, inteligencia táctica y mentalidad fría bajo presión lo consolidaron como uno de los máximos exponentes del taekwondo latinoamericano con dos oros panamericanos.
Nada fue fácil
Detrás de sus medallas hay lesiones, sacrificios y momentos oscuros. En 2012, casi abandona el deporte tras una serie de golpes físicos y emocionales, además de fuertes rivalidades internas que lo obligaban a estar siempre en combate por el peso -80 kg, pero mientras estuvo en el equipo nacional, su mentalidad fue clave:
“Pensar en lo más alto es como se concretan los sueños”, dijo varias veces.
Esa resiliencia lo transformó no solo en un atleta de alto rendimiento, sino en un referente para jóvenes que, como él, buscan canalizar su energía hacia un propósito.
Uriel compitió con los mejores atletas de la época, leyendas como Sebastián Crismanich, Moises Hernández, René Lizarraga, atletas, coreanos, iranies, egypcios, entre otros.
La fase final no fue tan atractiva, pero sus deseos de continuar compitiendo lo alejaron de la categoría -72, subió a 80 kg, -87 kg, e incluso logró combatir en +87 kg, una categoría tan fuerte físicamente, donde incluso se lesionó gravemente con otro campeón mundial, Carlos Sansores, produciéndose una fractura que prácticamente puso fin a su carrera.
MÁS QUE UN DEPORTISTA: SOLDADO Y MAESTRO

Uriel Adriano también pertenece al Ejército Mexicano y ha formado parte del Batallón de Ingenieros de Combate. Su disciplina militar ha sido complemento perfecto para su vida deportiva. Además, fundó la Academia Uriel Adriano TKD, con presencia en varios estados de MEX. Desde allí forma a nuevas generaciones con los mismos valores que lo llevaron al oro: constancia, humildad y pasión.
Su historia, llena de superación y gloria, conecta con sus seguidores y alumnos. Las imágenes de sus combates, sus frases motivacionales y el ejemplo de su vida fuera del tatami son materiales que inspiran y educan. “Una mente fuerte es buena estrategia”, repite a sus alumnos.
Uriel Adriano no solo es campeón del mundo. Es un símbolo de que el esfuerzo, guiado por una meta clara, puede romper cualquier límite. Hoy, sigue entrenando, enseñando y representando con orgullo a México en cada paso.
Porque los campeones no solo nacen… se forjan, como Uriel, a base de voluntad, patadas certeras y un corazón indomable.
Carlos Hernández