ARTICULO. Desde su institucionalización en 1955 hasta su consagración como deporte olímpico en Sídney 2000, el taekwondo ha transformado millones de vidas y se ha convertido en una herramienta global de educación, cultura y paz.
Desde una Corea dividida en posguerra hasta el mayor escenario deportivo del planeta, el taekwondo ha recorrido un camino de impacto y transformación. Con millones de historias personales marcadas por su práctica, este arte marcial moderno continúa construyendo puentes entre culturas, educando a nuevas generaciones y recordándonos que el verdadero combate es el que se libra dentro de uno mismo.
Con 52 años de existencia, este Arte y Deporte, «regalo de Corea para la humanidad» sigue su camino como una disciplina que ofrece a la sociedad una vía para el desarrollo integral del ser humano, ayudando a construir sociedades más justas, sanas, pacíficas y resilientes. Es más que un deporte: es una herramienta de transformación personal y colectiva, y esta debe ser, más allá de las medallas, el punto referencial.
Un nacimiento con visión de futuro
El 11 de abril de 1955 marca el nacimiento oficial del taekwondo como arte marcial moderno. Fue en Seúl, Corea del Sur, cuando un comité de expertos liderado por el general Choi Hong Hi decidió unificar diversas escuelas de artes marciales coreanas tradicionales bajo el nombre de “Taekwondo”, un término que significa “el camino del puño y del pie”.
El taekwondo fue concebido desde su origen moderno como una disciplina marcial con identidad nacional y vocación internacional. En plena reconstrucción tras la Guerra de Corea, el país encontró en el taekwondo una herramienta de cohesión cultural y proyección global.
Expansión global: de embajadas marciales a federaciones continentales

Durante las décadas de 1960 y 1970, maestros coreanos viajaron por el mundo como auténticos “embajadores marciales”. A través de la diplomacia deportiva, el taekwondo comenzó a echar raíces en países tan diversos como Alemania, México, Irán, Estados Unidos o Senegal.
En 1973 se fundó en Corea del Sur la World Taekwondo Federation (WTF) hoy conocida como World Taekwondo (WT) y en ese mismo año se celebró el Primer Campeonato Mundial en el Kukkiwon, sede mundial de la técnica y enseñanza del taekwondo.
“Desde el principio, el taekwondo fue pensado no solo como un arte marcial, sino como un instrumento para formar mejores ciudadanos y promover la paz”, explica Dr. Chungwon Choue, actual presidente de World Taekwondo.
Deporte, cultura y valores universales
El taekwondo es mucho más que un sistema de combate. Su código de conducta se basa en valores como la cortesía, integridad, perseverancia, autocontrol y espíritu indomable, que son transmitidos en cada dojang (escuela) del mundo.
Con más de 210 países afiliados a World Taekwondo y millones de practicantes, el taekwondo se ha consolidado como uno de los deportes de combate más practicados del planeta. Su presencia en escuelas, universidades y clubes deportivos ha contribuido a su masificación, tanto en contextos urbanos como rurales, promoviendo la inclusión y el empoderamiento juvenil.
En África, por ejemplo, el taekwondo ha sido utilizado como herramienta de desarrollo comunitario y prevención de la violencia. En países como Jordania, Nepal o Afganistán, ha ofrecido espacios seguros para jóvenes en contextos vulnerables.
Rumbo al sueño olímpico

El camino del taekwondo hacia los Juegos Olímpicos fue largo y estratégico. En 1988, fue deporte de exhibición en los Juegos de Seúl, y repitió en Barcelona 1992. Finalmente, el sueño se hizo realidad en Sídney 2000, cuando el taekwondo fue incluido oficialmente en el programa olímpico con medallas en disputa. Sobre esto, no podemos olvidar a un nombre, el Dr. Un Yong Kim.
Desde entonces, atletas de todos los continentes han subido al podio, rompiendo la hegemonía asiática inicial y demostrando el carácter verdaderamente global del deporte. Figuras como Steven López (EE.UU.), Hadi Saei (Irán), Wu Jingyu (China), María Espinoza (México) y Cheick Sallah Cissé (Costa de Marfil) Jade Jones (GB), Milica Mandic (Serbia), se han convertido en íconos internacionales.
“El taekwondo me enseñó a luchar por mis sueños y representar a mi país con orgullo”, ha declarado Cissé, primer campeón olímpico de África en la historia del deporte (Río 2016).
Un legado vivo

El impacto mundial del taekwondo no se limita al alto rendimiento. En 2015, la ONU reconoció a World Taekwondo por su trabajo humanitario junto con la fundación Taekwondo Humanitarian Foundation (THF), que ofrece entrenamiento y oportunidades a refugiados y poblaciones desplazadas.
Hoy, en pleno siglo XXI, el taekwondo sigue evolucionando: combina tecnología de punta en sus competencias con petos y cascos electrónicos, fomenta la igualdad de género, y se adapta a los nuevos estilos de vida sin perder su esencia marcial y formativa.
Y cuando nos preguntan, por qué el Taekwondo es popular, la respuesta es sencilla y fácil de responder; porque combina arte, deporte, valores, espectáculo y utilidad social, todo en una sola disciplina. Su poder de transformación individual y colectiva lo ha convertido en un fenómeno global que trasciende generaciones, culturas e ideologías, tan sencillo como eso.
