Un entrenamiento de gran volumen, muchas repeticiones de técnicas, combinaciones de preciosos movimientos de patadas, desplazamientos y golpes, orden en la formación y también la posibilidad de recibir un castigo por parte del entrenador.

Ki Kim, triple campeón del mundo, con su palo durante una clase en Corea del Sur a finales de los 80.

En Corea de los 80 y 90, era común recibir castigos durante el entrenamiento. Ver al profesor con un palo de madera en la mano para hacer saber que si no haces las cosas bien podrías recibir un golpe seco, siempre dirigido a la parte de atrás de las piernas o gluteos. Otro castigo que se imponía era hacer algún ejercicio extenuante de trote o fuerza.

La meditación formó parte de la preparación de los atletas en Corea.

Este mecanísmo de presión se evidenció para muchos en los principales centros de entrenamiento en Corea, incluso en famosos colegios de secundaria u universidades como Yong In, Hankuk, entre otras.

Esto se debe a un rígido sistema jerarquico donde la disciplina es casi militar y la posibilidad de recibir castigo en caso de no estar a tono con la clase era una Ley que viene de la casa.

Pujadas (España), Park Bwon Kwon y H.Ki Kim, en Corea.

«El entrenamiento en los 80 y 90, era duro, con mucha técnica, pero muy intenso. Esta metodología convirtió a muchos atletas coreanos en invictos en eventos asiáticos y mundiales por muchos años», nos cuenta José Maria Pujadas, uno de los pocos occidentales en ingresar en aquellas épocas, en el íntimo mundo de los equipos coreanos, departiendo con legendarios campeones mundiales y técnicos de ese país.

Justo podemos decir que el carácter del alumno-atleta surcoreano en esa época tenía una fiereza muy particular. Si vez los ojos de este niño podrás entender que el Taekwondo en sus inicios de competencia contaba con atletas coreanos de muy fuerte carácter, gracias a sobrevivir a duras pruebas internas desde etapas infantiles. El filtro para representar a Corea, era realmente increíble.

Para los atletas de los 70, 80 y 90, aún habían abuelos y familiares vivos, sobrevivientes de la invasión japonesa o la guerra de corea. Esto les creó una necesidad superior o un clamor nacionalista por destacar.

El taekwondo es una bandera de Corea, cada integrante de aquellos equipos se tomaban muy en serio ser el mejor. No podemos olvidar el equipo coreano masculino que se presentó en Seul 88, donde ganaron siete de los ocho oros en disputa, con la presentación de un Taekwondo muy superior.

Kwon Tae Ho

No olvidemos algunos campeones imbatibles, como Ha Suk Kwang, Jeong Ki Kim, Ha Tae Kyung, Park Bwon Kwon, Kwon Tae Ho, dirigidos por varios grandes entrenadores, destacando los míticos, Kim Seo Hyok, alumno del mítico Eun Min Ko, o Lee Kyu Seok, para citar algunos de estas maquinas de taekwondo, que se retiraron invictos.

JEONG, Kook-Hyun cuatro veces campeón del mundo, al ganar el oro en Seul 88

Cultura en el paso del tiempo

El paso del tiempo ha suavizado a los coreanos en su forma de ver la competencia, bueno, al menos eso lo dicen los resultados, donde Corea incluso ya no domina la estadística de los Juegos de Tokio, el último gran evento, donde no obtuvieron, ni siquiera una medalla de oro.

Nuevas generaciones

Para muchos, la modernidad que vino con el tiempo, la red de internet, la aldea global en que se convirtió el mundo, las redes sociales, ha podido cambiar esa fiereza de los atletas surcoreanos.

Si has estado en Corea, antes y después, pudieras cerciorar esto con más determinación. Sin embargo, yo creo que en efecto, si se ha suavizado, no sólo la clase diaria de los atletas, sino el carácter de los coreanos del siglo XXI.

Dae Hoon Lee, ha sido el atleta coreano, más famoso de los últimos tiempos. Sin embargo, jamás pudo obtener la anhelada medalla de oro olímpica.

Aquellos tiempos de dominio total de atletas imbatibles pasó a una generación que ya no tiene la misma presión del pasado. Ya perder es válido en una sociedad más tolerante a la evolución, además de entender que este arte-deporte se universalizó.

Por Carlos Hernández
Fotos: José Maria Pujadas.