ARTICULO. Algunos deportistas, llevados por la fama o el reconocimiento público, pierden el sentido y se colocan en un plano muy superior al que les corresponde. De ser amistosos, colaboradores y compañeros, caen en el divismo, en la procura de las divisiones internas y las prepotencias.

De seguro, probaron el éxito la fama al ganar uno o varios eventos y ahora se consideran estrellas de rock. Sin embargo, a pesar del triunfo, el dinero, las medallas y los reconocimientos también pueden perder el piso o como dicen por allí se le “sube a la cabeza”.

El triunfo va de la mano con el reconocimiento, el dinero y la fama. ¿Sabes manejarlo?

Pero si esa es la receta que le estás colocando a tu fama y prestigio, es posible que al final no llegues al final del destino, que es trascender en tu ambiente, pues nadie quiere a los sujetos que tras su fama cambian repentinamente su actitud por creerse superiores. Entendamos, nadie es superior.

Si estás logrando el triunfo y crees que ya alcanzaste la gloria, ten en cuenta que  la humildad es la virtud que consiste en conocer las propias limitaciones y debilidades, y en base a eso te va consolidar más en tus relaciones interpersonales.

El triunfo se celebra y se rinde homenaje al vencido.

En ese sentido, la humildad es estar consecuente con los valores y principios humanos que todos somos iguales y que aunque algunos se destaquen más que otros, o tengan una exposición mayor en la vida, jamás deben dejar que el Ego supere su don de gente.

La humildad, es una de las virtudes que más agradecemos encontrar en las personas que tenemos a nuestro alrededor y más huella deja en el camino de la vida.

CARLOS HERNANDEZ

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